lunes, 1 de febrero de 2010

JMP y Ubuntu

Como parte de mi estrategia contra Windows, indago continuamente sobre diferentes programas estadísticos que pueden ser usados en Linux. Años atrás había oído hablar de las maravillas de JMP, una especie de "SAS para tontos", fácil de usar y con muchas posibilidades. Además en la página de JMP me entero de que existe una versión para Linux. Perfecto. Me entero de las posibilidades, descargo la demo y ANTES DE PROBARLA mando unos emails, me registro, llamo el día de la nevada, por lo que no puedo hablar con la persona encargada, negocio precios (bastante barato versión académica) y antes de comprarlo me propongo probarlo. Primer problema, solo en paquetes binarios rpm. Intento la transformación a deb con alien y me da unos errores, según los avisos y lo que luego leí en la red, por que contiene scripts que no pueden ser transformados. De nuevo a llamar, conversaciones y correos con los técnicos y resulta que JMP para Linux NO PUEDE SER INSTALADO en distribuciones Debian. A pesar de ello, dispuesto a poner máquinas virtuales con Fedora o lo que fuere, instalo en mi máquina virtual de Windows la demo (de Windows, claro, como no quedaba más remedio) para ver si me convencía. Que desilusión. El programa está muy bien, pero tiene ciertas carencias que supondría tener que comprar algún otro paquete (y este programa viene en un todo, sin paquetes añadidos), así que las opciones siguen siendo comprar Clementine y Amos de SPSS (caro en dinero) o aprender R (caro en tiempo, esfuerzo y aprendizaje). Como los esfuerzos que algunos estamos haciendo día tras día para mejorar nuestros resultados aprendiendo técnicas actuales de estadística multivariante suponen, en general, un desprecio generalizado de los que nos rodean, seguido de palabras parecidas a "a mi házmelo como siempre", "¿qué co***** quiere decir esto?" o "ya estamos con vuestra estadística que no entiende nadie", creo que gastaremos dinero del equipo en comprar los paquetes necesarios y nos ahorraremos esfuerzos que suponen desgaste moral y de tiempo.
Al final, como siempre, Dios proveerá.

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